viernes, 17 de junio de 2011

¿Podría el ejército francés reformar la ortografía?

Los lectores habituales de prensa saben bien lo que les gusta a los periódicos usar a voluntad el vocabulario y las expresiones castrenses. Especialmente durante las operaciones militares en el exterior: ataques “selectivos” o “quirúrgicos”, “daños colaterales”, alcanzar “un objetivo”, “fuego amigo”, etc.

El servicio de comunicación de “los soldaditos franceses” es verdaderamente eficaz, introduce léxico en el francés como el que no quiere la cosa, sin necesidad de reprimir ni llamar al orden. Mientras tanto, la Academia Francesa, que es la que tiene esa labor, se muestra incapaz de crear una sola palabra, de imponer la más mínima reforma, o tan siquiera de hacer que se conozcan sus recomendaciones. Eso por no hablar de su incapacidad para publicar un diccionario de referencia que rivalice con el Larousse o Le Robert.


Cualquiera preocupado por reformar, o simplemente revisar la ortografía, sabrá que el principal obstáculo para realizar cambios es la ausencia de una autoridad reconocida y capaz de llevarlos a cabo. En estas condiciones, ¿por qué no hacer un llamamiento al Ejército? Su buen hacer en esta materia permitirá, tal vez, poner orden en el plural de los nombres compuestos en francés, imponer una ortografía unificada a aquellas palabras que no la tienen (cancerígeno o cancerógeno, vulcanólogo o volcanólogo, coordinador o coordenador), y, ¿quién sabe?, si de hacer por fin que los participios sean invariables. Suponiendo la lejana posibilidad de que el ejército haga un diccionario, ¿qué sería actualmente “un soldadito”? Después de todo, los soldados ya no sólo están en los frentes de batalla, como el de Libia, sino que también acuden a la llamada de auxilio de un alcalde de los suburbios y luchan contra las bandas organizadas, o ayudan a los agricultores que son víctima de la sequía. ¿Por qué no dejarles entonces que lo hagan? Primero les tocaron los ataques selectivos, ahora las incursiones ortográficas.

Traducción realizada por José María Silva Umbría de la entrada publicada el 15 de junio de 2011 en Langue sauce piquante, el blog de los correctores de Le Monde.

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