Aquellos que condenan los acontecimientos en el norte de Londres y otros lugares harían bien en retroceder para obtener una perspectiva más amplia.
Desde que la coalición llegó al poder hace sólo poco más de un año, el país ha visto múltiples protestas de estudiantes, docenas de ocupaciones de universidades, varias huelgas, una marcha de sindicatos de medio millón de personas y ahora la inestabilidad en las calles de la capital (precedida por los enfrentamientos con la policía de Bristol en Stokes Croft a comienzos de año). Cada uno de estos acontecimientos ha sido provocado por un motivo diferente, sin embargo todos se producen con los recortes salvajes y las medidas de austeridad impuestas como telón de fondo. El gobierno sabe perfectamente que sus políticas corren el riesgo de hacer saltar la chispa del malestar de las masas a una escala desconocida desde principios de la década de los 80. Con la población echándose a las calles en Tottenham, Edmonton, Brixton y otros puntos durante las últimas noches, podríamos estar empezando a ver entrar al gobierno en una grave y prolongada mala racha.
Las políticas del año pasado pueden haber esclarecido la división en términos extremos entre los que tienen derechos y los desposeídos, pero el contexto del malestar social es mucho más profundo. El tiroteo letal a Mark Duggan del pasado jueves, en el que al parecer, en contra de las afirmaciones iniciales, las balas sólo vinieron de la policía, supone otro trágico suceso en el largo historial del tratamiento de la policía metropolitana a los londinenses corrientes, en especial a aquellos provenientes de los suburbios de raza negra y otras minorías étnicas, así como de la selección por parte de ésta de zonas e individuos concretos con el fin de hacerles un seguimiento, pararlos, registrarlos y hostigarlos a diario.
Un periodista escribió que se sorprendía de cuánta gente conocía y se mostraba crítica con la IPCC (Comisión Independiente de Quejas de la Policía) pero no debería resultar sorprendente en absoluto. Al analizar las cifras de muertos bajo custodia policial (al menos 333 desde 1998 y ni una condena por parte de ningún oficial de policía), muchos consideran muy razonablemente, al IPCC y a los tribunales, protectores de la policía y no de la población.
Al combinar esta comprensible sospecha y resentimiento hacia la policía basados en la experiencia y la memoria con una elevada miseria y un enorme desempleo, las razones por las que la población se está echando a la calle resultan claras. (Haringey, el distrito al que pertenece Tottenham, tiene la cuarta tasa de pobreza infantil más elevada de Londres y una tasa de desempleo de 8,8%, el doble de la nacional, con una vacante por cada 54 buscadores de empleo en el distrito).
Los que condenan los acontecimientos de las pasadas noches en el norte de Londres y otros lugares harían bien en retroceder para obtener una perspectiva más amplia: un país en el que el 10% más rico está ahora en una posición 100 veces más favorable que los más pobres, donde el consumismo basado en el endeudamiento personal ha sido impulsado durante años como la solución a una economía titubeante, y donde, según la OCDE, la movilidad social es peor que en cualquier otro país desarrollado.
Richard Wilkinson y Kate Pickett señalan en The Spirit Level: Why equality is Better for Everyone que los fenómenos habitualmente descritos como “problemas sociales” (delincuencia, mala salud, tasa de encarcelamiento, enfermedades mentales) son mucho más comunes en sociedades con mayor desigualdad que en aquellas con una mejor distribución económica y una brecha menor entre los más ricos y los más pobres. Décadas de individualismo, competición y un egoísmo alentado por el Estado (combinadas con una aplastamiento sistemático de los sindicatos y una criminalización siempre creciente del disenso) han hecho de Inglaterra uno de los países con mayor desigualdad del mundo desarrollado.
Puede que las imágenes de edificios ardiendo, coches en llamas y tiendas saqueadas proporcionen una carnaza espectacular a unos medios insaciables siempre hambrientos de nuevas historias y grupos que demonizar, pero no entenderemos nada de estos acontecimientos si ignoramos la historia y el contexto en el que acontecen.
Traducción del artículo publicado el 8 de agosto en The Guardian.
viernes, 12 de agosto de 2011
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1 comentarios:
"Las imágenes de los edificios ardiendo, los coches en llamas y las tiendas saqueadas puede que proporcionen una carnaza espectacular a unos medios insaciables, siempre hambrientos de nuevas historias y grupos que demonizar, pero no entenderemos nada de estos acontecimientos si ignoramos la historia y el contexto en el que acontecen." Totalmente de acuerdo....
En lugar de reclamar medidas, castigos y sentencias cada vez más drásticos, habría que darse cuenta por fin de las verdaderas causas de la violencia y de la injusticia. Una persona que tuvo la posibilidad de crecer con respeto y la atención y dignidad, no tiene necesidad de sentirse superior a otras personas e imponerse sus leyes, ni necesita compensar su falta de autoestima a traves de una carrera de consumismo.
En lugar de invertir mas y mas dinero en policias se deberia invertir en subsanar la tremenda injusticia y desigualdad existente y al mismo tiempo en la concienciación de la presente generación de su propia historia para que no la tengan que repetir con sus hij@s. LAS RAICES DE LA VIOLENCIA NO SON DESCONOCIDAS. Os recomiendo la lectura del siguiente enlace:
http://www.screamsfromchildhood.com/raiz_de_la_violencia.html
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