Hace un mes, el dispar grupo de manifestantes que acampaba en el parque Zuccotti del centro de Manhattan para denunciar los excesos del capitalismo, era considerado como poco más que unos jóvenes idealistas que hacían lo que los jóvenes suelen hacer. Hoy, sólo los insensatos marginarían a un movimiento que refleja el odio y la frustración de los ciudadanos de a pie de cualquier condición social de todo el mundo.
Por ahora las protestas en EE.UU. han sido en su mayoría pacíficas. Puede que sean difusas e incipientes pero la llamada esencial a una redistribución más justa de la riqueza no puede ser ignorada. Lo que está en juego es el futuro del sueño americano. El trato siempre ha sido que todo el que trabajara duro debería tener una oportunidad para prosperar. Ese sueño ha sido destruido por una crisis provocada por los excesos financieros y el cinismo político. Las consecuencias han sido una desigualdad creciente, el aumento de la pobreza y el sacrificio por parte de aquellos menos capaces de soportarlo (lo que ha provocado el fracaso en la generación de crecimiento económico).
Resulta legítima la frustración de los manifestantes que claman contra el sistema financiero global y del 54% de los americanos que las encuestas sugieren que apoya estas convocatorias. La pregunta es por qué los ciudadanos han tardado tanto en manifestarse mediante protestas populares más allá de las fronteras políticas. Durante los últimos 3 años, el país ha estado atascado en una parálisis política que ha puesto en juego su futuro. Tanto los republicanos como los demócratas son culpables (los primeros por su despiadada obstrucción de todas las iniciativas democráticas, y el presidente Barack Obama por su ingenuo descuido de la necesidad de un liderazgo fuerte).
Los políticos de ambos grupos han fracasado en la detección y canalización del enfado de aquellos que han visto a su gobierno gastar miles de millones en rescates a bancos mientras discutía sobre la creación de empleo o la educación infantil. Una tras otra, las oportunidades se han ido desaprovechando (recientemente al no conseguir aprobar sin demora un conveniente proyecto de ley de empleos).
Durante un período breve de 2010, cuando la economía parecía prepararse para la recuperación, surgió la esperanza de que el sueño americano prevalecería. Sin embargo, la vuelta a unas perspectivas económicas sombrías ha reforzado la impresión de que la clase política es irrelevante o, peor aún, está endeudada con unos intereses financieros en juego, en detrimento de su imagen de servicio a la sociedad. Unas reformas en la financiación de la campaña electoral podrían suponer un primer paso para lavar esta imagen.
Queda por ver si las protestas evolucionan o no hacia un conjunto de exigencias más coherentes, o incluso si se convierten en una fuerza política de mayor duración, pero la exigencia de cambio debe ser atendida.
Traducción del artículo publicado el 16 de octubre de 2011 en Financial Times.
Galería fotográfica publicada en EL PAÍS de las distintas manifestaciones organizadas a lo largo de todo el mundo el pasado 15 de octubre.
lunes, 17 de octubre de 2011
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1 comentarios:
Crisis provocada por los excesos financieros, cinismo político, desigualdad creciente, aumento de la pobreza, sacrificio por parte de aquellos menos capaces de soportarlo, clamor contra el sistema financiero global, tanto los republicanos como los demócratas son culpables, la clase política es irrelevante o está endeudada con unos intereses financieros en juego, en detrimento de su imagen de servicio a la sociedad. Los políticos españoles deben tomar buena nota de todo esto. Están a tiempo aún. Saben que si esto no cambia el siguiente paso serán las revueltas populares.
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