miércoles, 26 de octubre de 2011

Los indignados, Occupy Wall Street y el fracaso del statu quo

Si les cuento que acabo de volver de un país en el que he sido testigo de enormes protestas que reclaman justicia económica no les digo demasiado de donde he estado (sólo se reduce a unos 15 ó 20 países).

El día 15 de octubre, durante la manifestación global organizada de forma libre, estuve en España. La fecha se eligió porque se cumplían 5 meses de las protestas españolas que comenzaron a mediados de mayo. Muchos de los manifestantes de Occupy Wall Street han declarado que éstas fueron una de sus inspiraciones y muchos de los manifestantes españoles con los que hablé afirmaron que habían recibido un nuevo impulso con Occupy Wall Street.



El día 15 hubo protestas en más de 80 países y en Madrid más de medio millón de personas se echó a la calle para expresar su frustración por un sistema político que ha fallado a la sociedad española.

Las protestas españolas se han convertido en el abuelo de los movimientos de protesta que se extienden por la mayoría de las democracias occidentales y podrían sencillamente ofrecer una mirada al futuro de lo que va a suceder a este lado del Atlántico. En concreto, al echar la vista atrás sobre mi semana en España descubro tres aspectos e intento aplicarlos al fenómeno Occupy Wall Street que se está desarrollando aquí en EE.UU.

El primero es la paradoja política inherente a las protestas europeas. El torrente de odio no está dirigido contra ningún partido ni filosofía política concreta sino contra el statu quo. No importa a qué partido representes. Si estás en el poder formas parte de ese sistema político roto y la sociedad española, francesa y muy probablemente la norteamericana, te quieren fuera.

La segunda cosa que descubrí fue la orientación familiar de las protestas. Fuera cual fuera la forma en que empezaran, ahora son un auténtico movimiento de la clase media. Sin embargo cuando miro la forma en que los medios cubrieron las protestas del 15 de octubre, en lugar de miles de familias, niños y jubilados que marchaban por las calles lo que dominó en las programaciones fueron los coches ardiendo en las protestas de Roma (que fueron secuestradas por una camarilla de anarquistas encapuchados).

Así como las soluciones a los problemas que afrontan Europa y EE.UU. no van a encontrarse en las vías políticas tradicionales, la verdad de lo que está ocurriendo tampoco va a encontrarse en la cobertura de los medios tradicionales.

Por lo tanto, el verdadero mensaje de los manifestantes está extendiéndose a pesar de que muchos medios quieran retratarlo como una reliquia hippy de los sesenta. En un artículo para Huffpost, el colaborador de la CNBC y asistente de la Casa Blanca Keith Boykin, concluye que, tras visitar Zuccotti Park, “casi todos los medios me dijeron que los manifestantes estaban equivocados”.

Boykin desmonta mitos como “el movimiento es violento”, “es sólo una panda de niños mimados” y “no hay población negra involucrada”. Boykin expresa que quedó “impresionado por la cantidad de participantes negros y latinos” que vio. “No los vi en la cobertura de televisión”, añade. También rebate la idea de que se trate simplemente de un grupo de hippies. “Al ver la cobertura de algunos medios sobre el movimiento pensarías que la protesta estaba llena de hippies con pelos largos que quedaron de los 60”, escribe, y menciona que vio a “chicos en edad de instituto con sus padres, estudiantes con las sudaderas de sus universidades, hombres con trajes de negocio, madres con carritos de bebé, gente con trabajo, gente que se encontraba desempleada” y “jubilados canosos”.

La tercera cosa que descubrí fue que las protestas (tanto en España como aquí) van más allá de objetivos económicos y políticos. Son más que eso. Tratan sobre cambios en la sociedad civil (sobre la creación de una nueva relación no sólo entre la sociedad y su gobierno sino entre la sociedad en sí). Existe la sensación extendida de que los problemas que estamos afrontando no pueden resolverse simplemente corrigiendo las instituciones políticas. Necesitamos transformar nuestra relación con nuestras comunidades.

Si vamos a salir de este desorden (Estados Unidos, España, Grecia y el resto) hay dos elementos esenciales que necesitaremos: empatía fomentada por una sociedad civil fuerte e innovación cultivada por un espíritu emprendedor. La creación de un sistema político que premie estos rasgos, en lugar de estar a merced de los grupos de presión y los grandes donantes de dinero, puede exigir un movimiento de ciudadanos que se eche a las calles.

"El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable persiste en intentar adaptar el mundo a él. Todo progreso depende del hombre irrazonable". George Bernard Shaw

Resumen y traducción del artículo publicado por Arianna Huffington (@ariannahuff) el 24 de octubre de 2011 en The Huffington Post.

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