viernes, 25 de noviembre de 2011

Los indignados tras el #20N

Las elecciones del domingo pasado han dado un mandato a los indignados españoles para la lucha y la resistencia.

Las propuestas de estrategia de voto proliferaron en la víspera de las elecciones generales del domingo pasado en España. En alcantarillas y retretes podía leerse “urna electoral” mientras que algunos sugerían ahorrarse los intermediarios y depositar los votos directamente en cajeros automáticos. Esta campaña de desecho de votos no ha sido una broma anarquista de una subcultura sino el reflejo de un descontento social que se ha extendido de forma extraordinaria.


Durante las manifestaciones previas a las elecciones, un escena típica fue la de un hombre respetable de mediana edad con un cigarro en una mano y un rotulador en la otra yendo de papelera en papelera escribiendo sobre las tapas “Vote aquí”, “No nos representan” y “Todos son lo mismo”, eslóganes de los indignados (los progenitores españoles del movimiento Occupy, que se han movilizado en cientos de miles a lo largo de todo el país y ahora se han convertido en un movimiento predominante).

En contraposición a los partidos políticos, los Indignados dicen: ”Quieren tu voto, nosotros queremos tu opinión”. Cuestionan la verdadera legitimidad de la política electoral y atisban un vacío de la democracia representativa que la crisis de la Eurozona está convirtiendo en crítico. En sus palabras: “las elecciones están en custodia segura del Banco Central Europeo”.

El día de las elecciones, los Indignados convirtieron en trending topic la votación protesta basada en una triple estrategia: abstenerse, desechar el voto o intentar romper el sistema bipartidista votando a un partido minoritario. En lugar de quedarse simplemente en casa, la sociedad registró de manera activa el descontento ante la oferta de opciones y el número de votos desechados dobló el domingo al de las pasadas elecciones de 2008, alcanzando 11 millones con abstenciones y votos en blanco (más de los conseguidos por el vencedor, el Partido Popular).

El descontento electoral refleja el duro clima político en España, con una tasa de desempleo del 46% entre los menores de 30 años. Debido a la crisis, los votantes han visto al partido socialista gobernante incumplir las políticas sociales y adoptar los duros programas de austeridad de la derecha, como ha pasado con New Labour, lo que ha provocado el rechazo en su base tradicional de votantes. Lo del domingo no fue tanto una victora del PP sino una pérdida del PSOE de 4,5 millones de votantes.

Mientras tanto, la retórica de los indignados (acerca de que la democracia se está viendo erosionada por los mercados) ha recibido una desagradable validación mientras el mundo de las finanzas machaca a España. Justo antes de las elecciones, los costes de los préstamos habían ascendido a 14 años. En palabras de Carlos Delclós, un indignado barcelonés, “Ahora mismo, la tarea de Mariano Rajoy radica en tratar de averiguar lo que Merkel o el FMI quieren que haga antes de que se lo digan, de manera que sus decisiones parezcan más una brillantez propia que una imposición de unas instituciones supranacionales dominantes. El movimiento lo sabe y no creo que vayan a engañarse pensando que estas elecciones van a cambiar algo a parte de, quizás, el nivel de represión que el gobierno está dispuesto a imponer”.

Leónidas Martín, artista, activista y catedrático en la Universidad de Barcelona aborda el asunto: “Los resultados son perversos, un reflejo del descontento con la democracia.” Sin embargo, Martín percibe un auténtico peligro en este descontento popular. Está “preocupado por el modelo de gobiernos tecnócratas impuestos por los mercados en Italia y Grecia”, afirma, porque “los mercados están llevando el descontento de la sociedad hacia sus propios intereses”. Señala: “¿No te gustan los políticos? ¿No te gusta la democracia? Muy bien, te entendemos y queremos ayudarte. Simplemente deja todo en nuestras manos. Somos expertos”.

A corto plazo, la realidad de un gobierno de derechas puede rebajar el ánimo de los indignados. Sin embargo, también está preparando el escenario para una nueva ola masiva de protestas que fortalecerán el movimiento. En la próxima primavera aquellos que se quedaron sin empleo por la crisis comenzarán a quedarse sin subsidios. Ésto, combinado con unas nuevas medidas rigurosas de austeridad y unos sindicatos enfadados (maniatados por sus conexiones con el gobierno socialista pero pueden manifestarse luchando) marcarán el inicio de lo que parece ser una enorme y potente ola de acción directa.

Los indignados están jugando una partida larga. Inspirándose en las tácticas de Occupy Wall Street en otros países, han ocupado inmuebles vacíos propiedad de bancos por todo el país, desde Galicia hasta Andalucía y desde Madrid hasta Barcelona. Las asambleas generales de las acampadas que montaron este verano están siendo descentralizadas a vecindarios locales, los edificios ocupados están siendo utilizados para mantener asambleas durante los meses de invierno y alojar a aquellos desahuciados por el impago de hipotecas. “La respuesta a la crisis no es la apatía ni el cinismo”, afirma Kike Tudela, historiador y activista. “Tenemos cuatro años de lucha y resistencia por delante y la pregunta es ¿qué tendremos después de estos cuatro años? ¿queremos a los socialistas otra vez con más políticas neoliberales o queremos algo nuevo?”.

Los indignados están ahora explorando ideas que van más allá de los partidos políticos o incluso cambios en la ley electoral, como presupuestos participativos, referéndums, revocación de elecciones y otras formas de legislación de iniciativa ciudadana. “Es un debate que debemos tener en el movimiento pero quizás podamos crear nuevas formas de política desde abajo. Estamos interesados en los modelos de Latinoamérica”, apunta Tudela, refiriéndose a los gobiernos que han resistido el asalto del neoliberalismo conjuntamente con los movimientos sociales que los obligan a que mantengan sus promesas.

Esta nueva forma de hacer política, que crea caminos eficaces entre los movimientos sociales y el gobierno, es tremendamente ambiciosa. Pero como los indignados dicen: “Vamos lento porque vamos lejos”.

Traducción del artículo publicado el 21 de noviembre de 2011 en The Guardian.

3 comentarios:

Alejandro dijo...

Comentarios sobre la entrada en Menéame: http://www.meneame.net/story/indignados-tras-elecciones-20n

Cristina Del Río dijo...

Hola este es un mensaje general, no relacionado con este artículo en particular. Es sólo para felicitarte tu blog y por lo que he leído, ya que me ha gustado mucho.
Yo tengo un blog más reciente, pero compartirmos ciertas maneras de ver las cosas. Mi objetivo es informar de manera amena a la gente sobre el entorno internacional, y dada la actualidad, sobre la crisis. No hay nada más peligroso que una sociedad desinformada que se deje llevar.
Por eso creo que estás haciendo una gran labor y he puesto tu blog entre mi lista de blogs recomendados.
Te invito a visitarlo en http://blog.cdelrio.com

Un saludo,
Cristina del Río

Alejandro dijo...

Hola Cristina,

Muchas gracias por tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices: "no hay nada más peligroso que una sociedad desinformada". Creo que los blogs pueden cumplir una misión importante en este aspecto.

Por cierto, tu blog también es muy interesante. Pongo un enlace en el blogroll.

Un saludo,

Alejandro.

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