Tras los días de tensión, enfrentamientos y arrestos que han seguido a las elecciones amañadas del pasado 4 de diciembre, ayer sucedió algo inesperadamente bueno. Decenas de miles de moscovitas pertenecientes a la clase media se manifestaron de forma pacífica en el centro de la capital rusa, el mayor acontecimiento desde comienzos de la década de los 90. Sorprendentemente, no se produjeron arrestos. De hecho, algunos de los miles de policías y miembros de las tropas del Ministerio del Interior mostraron su simpatía por los manifestantes.
Fue una demostración inspiradora de dignidad e indignación. Los ciudadanos estaban enfadados no sólo por el fraude electoral sino por haber sido tratados como imbéciles por su líder, Vladimir Putin. Había rabia en el Kremlin, llamadas a “una Rusia sin Putin” y contra el partido gobernante Rusia Unida (“el partido de los ladrones y sinvergüenzas”), pero no agresividad. En la multitud no sólo había liberales sino también comunistas, anarquistas y algunos nacionalistas. Sin embargo, los manifestantes se mostraron llamativamente educados entre ellos.
Algunos llevaban flores que intentaban ofrecer a la policía. Bromeaban. “El 146% de los moscovitas está a favor de unas elecciones libres”, se leía en una pancarta. Otro afirmaba: “Yo no voté a estos bastardos. Voté a otros bastardos. Exijo un recuento”.
Entre los portavoces se distinguían políticos liberales, como Vladimir Ryzkhov y Boris Nemtsov, pero también estaban Boris Akunin, un célebre escritor, y Leonid Parfyonov, un conocido presentador de televisión. Exijían la liberación inmediata de más de 1.000 activistas políticos arrestados durante las protestas de la semana pasada, una investigación exhaustiva sobre las acusaciones de fraude electoral, nuevas elecciones, la destitución de Vladimir Churov (jefe de la Comisión electoral) y el registro de todos los partidos de la oposición y no sólo de los autorizados por el Kremlin.
Es poco probable que el gobierno cumpla ninguna de estas exigencias. Pero la manifestación ya ha conseguido su resultado más importante: el despertar político de la clase media urbana rusa. Durante la década pasada esta población dedicó su energía a hacer dinero, consumiendo y viajando, permitiendo a Putin consolidar un poder sin precedentes, eliminar las fuentes de influencia alternativas y convertir la televisión en una herramienta de propaganda.
Sin embargo, los manifestantes demostraron ayer que son una fuerza política. “¡Existimos! ¡Existimos!”, coreaban. Eran educados y acomodados (muchos llevaban Ipads) y estaban deseosos de hacer oír sus voces. La protesta se había organizado en las redes sociales pero ayer, esta multitud de Facebook transformó su agitación virtual en realidad política.
La manifestación fue un extraño ejemplo de muestra de juicio por parte de todos. Las autoridades permitieron que la manifestación avanzara y demostraron su moderación con la vigilancia policial. Los organizadores trataron de detener las provocaciones y mantener el acontecimiento de manera pacífica. Incluso los medios controlados por el Estado, que habían ignorado todas las manifestaciones previas y las insinuaciones de fraude electoral, informaron sobre la manifestación de forma equilibrada y cuidadosa.
Un pequeño grupo de radicales, que intentó realizar su propio número en la Plaza de la Revolución, fue ignorado por todos, incluida la policía. Su líder, Eduard Limonov, se quejaba resentido de que su revolución había sido robada. Sin embargo, durante unas horas del día de ayer, la capital de Rusia se sintió democrática, a pesar de la fuerte presencia policial.
Se desarrollaron manifestaciones similares, aunque inferiores, en unas 90 ciudades por toda Rusia (algunas acabaron con arrestos). Casi todos los manifestantes coreaban “Rusia”. Esto es lo que Putin animó a hacer a los miembros de Rusia Unida en una conferencia reciente del partido. Pero ayer tenía un sonido muy diferente, y era una Rusia muy diferente.
Traducción del artículo publicado el 11 de diciembre de 2011 en The Economist.
Fuente del vídeo y la fotografía: RT.
martes, 13 de diciembre de 2011
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