lunes, 9 de enero de 2012

Editorial de FT: 'El difícil camino de Madrid hacia la credibilidad fiscal'

En su viaje con su leal compañero Sancho Panza, el retirado caballero rural Don Quijote realiza sus famosos ataques a un molino de viento confundiéndolo con un gigante. A diferencia del personaje de ficción de Cervantes, Mariano Rajoy, el nuevo presidente del Gobierno de España, y Luis de Guindos, ministro de Economía, no necesitan inventar enemigos contra los que luchar. Tienen una auténtica batalla en sus manos.


Desde que las pasadas elecciones de noviembre dieran al Partido Popular de Rajoy una clara mayoría en el parlamento, la escala de problemas en España no ha hecho más que aumentar. Como una parte de los ingresos nacionales, se estima que el déficit público de 2011 se encuentra ahora un 2% por encima del objetivo del 6% acordado con la Unión Europea. El desempleo se aproxima al 23%. Y la Comunidad valenciana consiguió devolver una deuda de 123 millones de euros gracias a la ayuda del gobierno central.

Siendo honesto, el presidente del Gobierno y su ministro han avanzado por ahora en la que claramente es la dirección correcta. Su programa de ajuste de 15.000 millones de euros ha enviado una señal creíble a los mercados de que el gobierno se compromete con la consolidación fiscal. Esto ha sido tan importante como su mensaje a los bancos de que tienen que sanear las cuentas sin esperar ninguna ayuda adicional del erario.

Los inversores en bonos del Estado han recompensado correctamente esta estrategia. La rentabilidad a 10 años de los bonos del Estado, que alcanzó el 6,7% durante las elecciones, ha caído ahora un 1%. La generosa provisión de liquidez a las entidades de crédito por parte del Banco Central Europeo ha ayudado a reducir el riesgo de que Madrid pueda tener que inyectar más circulante en su acosado sistema bancario. Pero además, Rajoy necesita más crédito para esto. Italia no ha sido capaz de recoger la misma recompensa de la intervención del Banco Central Europeo.

Para completar este viaje a la tierra de la salvación fiscal, el presidente del Gobierno necesita ser prudente con la reducción de déficit del país. España se ha comprometido para 2012 con un objetivo de déficit equivalente al 4,4% del Producto Interior Bruto. Aunque haya espacio para una mayor rigidez, Rajoy y sus homólogos europeos no deberían atender el objetivo como un mantra. Los mercados se muestran cada vez más intranquilos ante las perspectivas de crecimiento y demasiada austeridad podría resultar contraproducente.

Rajoy debería mostrar prudencia también en la manera de refrenar el gasto regional. Las exigencias legítimas de una mayor supervisión desde Madrid no debería utilizarse para camuflar una agenda antifederalista. Luchar contra este molino de viento divisionista supone arriesgarse a granjearse verdaderos enemigos en las regiones del país.

Sin embargo, la mayor preocupación de Madrid debería ser la reorganización del lado de la oferta de su economía. Los sectores españoles orientados a la exportación han conseguido unos resultados aceptablemente satisfactorios pero la mayor parte de la economía ha sido atada de manos por un mercado laboral inflexible. Esto apenas ha servido a los intereses ni de las empresas ni de la mayoría de los trabajadores. De Guindos ha expresado que se compromete a reorganizarla. Debería hacerlo ya. Lo que España necesita es un reformador valiente.

Traducción del editorial de Financial Times publicado el 6 de enero de 2012.

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